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Calle 54

Lo mejor del jazz latino

País: España • Género: Jazz • Regiones: América, Europa

Por Mariano García
@solesdigital

Calle 54Sello: EMI. Género: Latin Jazz. Duración: 78’55’’. Cantidad de temas: 12. Solistas: Paquito D’Rivera (saxo alto y clarinete), Eliane Elías (piano), Chano Domínguez (piano), Jerry González (flugelhorn, congas), Michel Camilo (piano), Gato Barbieri (saxo), Tito Puente (timbales), Chucho Valdés (piano), Arturo “Chico” O’Farrill (dirección de orquesta), Bebo Valdés (piano), Israel López Cachao (bajo) y Orlando Puntilla Ríos (percusión y voz).

En una película como “Calle 54”, del español Fernando Trueba, la música pasa de ser un acompañamiento incidental a protagonista, tema y argumento central. Grabado durante doce días, en los estudios de Sony de la calle 54 en New York, este musical/documental está dedicado al Latin Jazz, y a sus principales intérpretes. Aquí las imágenes son las que acompañan al sonido.

La gran labor de Trueba en compilar y seleccionar lo más destacado de este género se aprecia en el disco, que contiene todos los temas incluidos en el film, respetando el orden de aparición. Y el mayor mérito es haber logrado una extensa pero nunca repetitiva muestra de todo lo que puede ofrecer la original fusión del jazz con los ritmos afroamericanos del caribe, de España o de Sudamérica; desde piano solo hasta big bands.

Los orígenes del jazz latino se remontan a Mario Bauzá y a Dizzy Gillespie, que con la inclusión del percusionista cubano Chano Pozo en su banda demostró que las raíces africanas que comparten el jazz y los ritmos caribeños pueden hacer de esta fusión algo único. Lo que en un principio fue “jazz afrocubano” fue creciendo y extendiéndose, y “Calle 54” da cuenta de esta diversidad creativa.

Para comenzar, nadie mejor que Paquito D’Rivera, que con su tema “Panamericana” hace un tour musical por los ritmos de este continente, combinando la sutileza de su saxo y su clarinete con percusión de indudable sello africano, aires de fusión contemporánea y melodías netamente “piazzollísticas” (con bandoneón inclusive).

La brasileña Eliane Elías aporta con su trío una suave dosis de bossa nova y samba. Desde Cádiz (España) Chano Domínguez da el toque flamenco, con una composición hecha especialmente para la película; que retoma al Miles Davis de “Sketches of Spain” y le suma el típico canto andaluz de Blas Córdoba. El puertorriqueño Jerry Domínguez logra en su “Earth Dance” uno de los momentos más calientes del disco (y del film), junto a su banda Fort Apache, en la cual une el be bop neoyorquino y los ritmos afrocaribeños.

Michel Camilo aporta al piano sus conocimientos y formación clásica. Junto al bajo eléctrico de seis cuerdas de Anthony Jackson y la batería de Horacio Hernández, y con una increíble versatilidad técnica, Camilo se luce con “From within”, una de las mejores interpretaciones del CD. Lo sigue el Gato Barbieri, que hace su incursión por tierras andinas, a las que le suma algo de tango. Chico O’Farrill dirige una big band que hace retroceder el tiempo hasta principios de los años ’40, y Orlando “Puntilla” Ríos rinde tributo a los orígenes africanos del género.

A Tito Puente le corresponde un capítulo propio en esta historia. Fallecido este año, puede verse en la película como su alegría por hacer música siempre se mantuvo intacta, así como su talento y espíritu al frente de los timbales. Un prócer del género, que con “New Arrival” deja en claro el lugar de privilegio que le corresponde entre los responsables de haber llevado adelante esta aventura musical.

Y no podía faltar la familia Valdés, verdadera aristocracia musical de Cuba. Bebo Valdés, patriarca de la familia y hoy radicado en Suecia, se encuentra con otra leyenda, Cachao, y hacen historia al grabar “Lágrimas negras”. Su hijo, Chucho Valdés, ofrece los dos momentos más emotivos del musical: la pieza para piano solo que compuso para su abuela paterna, Caridad Amaro; y el reencuentro con su padre luego de cinco años, para sentarse cada uno al frente de un piano, cruzar miradas e intercambiar ideas mediante la música. Y así termina el film, con el abrazo entre padre e hijo Valdés. Un cierre de lujo para una película y un disco obligatorios para quienes quieran saber de qué se trata el Latin Jazz.

Fuente: Revista Soles, Nº 80 (Septiembre 2001).

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