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Cambalache: un tango arquetípico

País: Argentina • Región: Sudamérica, América • Género: Tango

Por Catalina Pantuso
catalinapantuso@gmail.com

Cambalache es, tal vez, una de las mejores obras de Enrique Santos Discépolo, ya que sintetiza buena parte de sus sentimientos y filosofía. Es un tango arquetípico, que muestra mucho más que una experiencia individual: expresa el desamparo de las sociedades e incluso de los sistemas en las que se desenvuelven. Cambalache forma parte del inconsciente colectivo y, a 82 años de su estreno, mantiene su vigencia en buena parte del mundo.

Para ilustrar el desorden político y falta de valores ciudadanos, Discépolo, utiliza una palabra que designa (según la RAE) el negocio en el que se compran y venden prendas, alhajas o muebles usados de baja calidad, y la emplea en forma despectiva. A esa acepción general, su talento le agrega una nueva connotación negativa que posteriormente se extendió en toda el habla rioplatense: el cambalache pasó a ser el espacio o la situación en los que predominan la “viveza criolla” y el “vale todo”. Sus versos aseguran que “Igual que en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches/ se ha mezclao la vida,”

Esta pieza fue compuesta durante la denominada “Década Infame” de la Argentina para denunciar la corrupción e impunidad que en ella se vivía. Nunca antes un tango había expresado con tanta inteligencia e ingenio los sentimientos populares de bronca y desencanto. Sin embargo, y confirmando aquello de que “pinta tu aldea y pintarás el mundo”, sus versos aluden a un drama universal que se repite históricamente: “Que el mundo fue y será una porquería/ ya lo sé.../ (¡En el quinientos seis/ y en el dos mil también!)”. El autor despliega en Cambalache su capacidad de describir, con ironía y agudeza, el caos de una sociedad global sacudida por la profunda crisis de los años’30, que preanunciaba el comienzo de la Segunda Guerra Mundial.

 

Decíamos que Cambalache es un tango arquetípico y lo confirma el hecho de que para describir la corrupción y falta de escrúpulos Discépolo utiliza figuras antagónicas de fama internacional. La sociedad no hace diferencia entre el famoso estafador francés Stavisky (Serge Alexandre) y San Juan Bosco, un sacrificado cura italiano de la orden Salesiana, que dedicó su vida a la educación de los jóvenes pobres o en riesgo; iguala la inteligencia intuitiva de “Don Chicho” con la visión estratégica de Napoleón Bonaparte y pone en el mismo nivel la fuerza física del famoso boxeador Primo Carnera —un italiano que llegó a ser campeón mundial de los pesos pesados— con la fortaleza moral del Gral. José de San Martín, libertador de América.

Sin duda alguna su metáfora más contundente es “…y herida por un sable sin remaches/ ves llorar la Biblia/ contra un calefón...” en la que se coloca al libro de Dios, colgado de un gancho rudimentario, junto a un electrodoméstico cuyas llamas hacen imaginar el fuego del infierno.

El tango Cambalache fue, muchas veces, temido y prohibido por el poder pero también fue el grito de protesta de varias generaciones. Sus versos fueron admirados por el escritor español Camilo José Cela —Premio Nobel de literatura (1989)— y el ensayista francés Pierre Vidal-Naquet recurrió a él para explicar el comportamiento de la sociedad europea durante el nazismo.

La profunda intuición de Enrique Santos Discépolo enuncia, denuncia y vaticina una condena: el “caos” se apodera del “cosmos” y enmarañados en el cambalache no hay salvación posible: “¡Dale nomás!/ ¡Dale que va!/ ¡Que allá en el horno/ nos vamo a encontrar!”

22/2/2017

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