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Farmers Market: collage de lo inesperado

Países: Noruega, Bulgaria• Regiones: Europa, Escandinavia, Europa del Este, Balcanes
Géneros: Jazz, Folklore, Rock

Por Mariano García
@solesdigital

Nostalgia etno comunista. Música de películas, series y dibujos animados, condimentadas con una fuerte eslavofilia a un ritmo frenético de jazz-folk-rock. Pasen, vean, escuchen y llévense todo lo que les guste de esta gran feria musical retro artesanal llamada Farmers Market.

Todo en esta banda sorprende, comenzando por sus orígenes. Nada en su sonido indica que provienen del extremo nórdico noruego, pero así es. Lo que en los planes se había pensado como una banda de free jazz a cargo de alumnos de conservatorio, pronto derivó hacia caminos impensados llenos de virtuosismo, humor y curiosidad. El surtido estilístico tiene la brújula apuntando con fuerza hacia el este europeo, incorporando la intensidad de los patterns rítmicos impares de Bulgaria y los Balcanes, decorados con una estética retro-soviética.

Los dos pilares de esta propuesta son Stian Carstensen desde el acordeón, guitarras y voces, junto al saxofonista y clarinetista búlgaro Trifon Trifonov (único extranjero del grupo). Los acompañan Nils-Olav Johansen (guitarra y voces), y la base rítmica compuesta por Jarle Vespestad (batería) y Finn Guttormsen (bajo).

Su debut fue en 1995 con el disco Speed / Balkan / Boogie. Allí las mágicas voces de las cantantes búlgaras Sonia Iovkova y Vessilina Illieva cimientan los puentes que conectan el folk y clasicismo nórdico con las tonalidades vocales balcánicas, dando inicio a este viaje de norte a sur europeo con las canciones Sloanitze, Ivan na ela y Mesechinka. Una vez establecido el código en el cual ambos mundos comienzan a entenderse, la comunicación continúa en forma instrumental con Norge-Bulgaria 10-11, y acelera el tempo en Smeseno Horo. El dúo vocal femenino retoma su impecable labor en Voi Voi Voi, Vinze Vinze y Rodopsko Ballad, donde flautas y acordeones completan el paisaje folklórico búlgaro. Y de pronto, un cierre impredecible a puro etno-jazz con Take Five – Take Eleven.

 

Farmers Market es de esas bandas que buscan movilizar a su audiencia y no recostarse en fórmulas prefabricadas. Así lo demostraron con su segundo trabajo, Musikk Fra Hybridene (1997), donde se alejaron del affaire búlgaro para experimentar con nuevas ofertas y mercancías en su exquisita góndola musical. Cuando uno esperaba la hermosura de las voces balcánicas, las guitarras distorsionadas golpean sin avisar en Les Mysteres Des Guitares Grand Prix para abrir el disco, incursionandoen un formato que hoy es su marca registrada: un frenético zapping entre ritmos, estilos, citas a melodías famosas que se suceden segundo a segundo. Este tipo de collages llenos de referencias hipertextuales, son el aspecto más lúdico del conjunto, que con este álbum hizo de la hibridez su marca identitaria. Esta es la idea rectora en How High the Loch (Ornamentology), y alcanza su punto de clímax en Tails of the Unexpected. Y eso no es todo: Gankino Horo y Teknopolsanitza llevan al folk búlgaro la velocidad y distorsión del rock hardcore, con creciente protagonismo de las guitarras eléctricas. Y si existe en el universo algún vértice donde el boogie y el bluegrass se interpretan con acento eslavo, Farmers Market lo encuentra con Kyrillisk Bxdell y For a Few Rubels More. Con el liderazgo de Carstensen llevando a la banda allí donde el acordeón se sienta como en casa, se cierra el disco con un tango afrancesado, Siste Tango, Paradis.

 

El tercer disco en estudio, Farmers Market (2000), resumió el primer lustro de la banda en sus principales lineamientos estilísticos y musicales. La faceta orquestal y clásica se combina con el folklore del este en Ramadan’s Slow Song & Dance, y las voces búlgaras regresan en todo su esplendor para A Young Girl Made a Crown of Forest Flowers (con un coro compuesto por Tsonka Dimitrova, Darina Miteva, Radka Stefanova y Diana Velichkova). El disco cuenta además con músicos invitados de Bulgaria y la India, destacándose el aporte de Jai Shankar en Jog Trot. Y si hay que elegir un tema que represente el sonido y estilo del grupo, los cuatro minutos de Ornamental Boogie lo sintetizan de manera magistral.

 

Cuando parecía que la banda había agotado su fuente de recursos, lanzan en 2008 su obra maestra, Surfing USSR. Un viaje paródico hacia la Unión Soviética, recreando de manera apócrifa una estética retro comunista que se remata con la inteligencia y humor con el que titulan sus composiciones. Aquí se consolida el juego entre boogie, surf rock y jazz, con las aristas búlgara e india empujando los límites culturales hacia latitudes impensadas. La apertura del disco es con el tema homónimo, desarrollado en dos partes, donde el tándem Carstensen – Trifonov funciona más ajustado que nunca, al igual que en el resto de los tracks (destacándose también Red Square Dance). Una triste balada instrumental se titula The Dismantle of the Soviet Onion Made us Cry, entre otros juegos de palabras que confunden clichés de la cultura popular occidental con referencias al mundo soviético (To Hell and Baku, Meanwhile Back at the Agricultural Workers Collective, One Day Son All I Own Will Still Belong to the State, entre otras). Al final del disco uno no sabe si se encuentra en Woodstock o en Vladivostok.

 

Y no es sólo ocurrencia verbal: en más de 10 años de carrera Farmers Market ha desarrollado un lenguaje propio donde el rock y el jazz occidental se amalgaman con el folk y las tradiciones eslavas. Un mercado callejero que importa directo desde los productores de ambos extremos del planeta sonidos y ritmos frescos y originales, para que cada uno pueda elegir como preparar su propia ensalada musical.

29/6/2015

www.fronteramusical.com.ar