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Faudel: El Príncipe que vendió su corona

Países: Argelia, Francia • Regiones: África del Norte, Europa
Género: Árabe, Pop

Por Mariano García
@solesdigital

En 1998, el legendario concierto “1, 2, 3 Soleils” (Uno, dos, tres soles) reunió a los tres mayores exponentes de la música raï contemporánea en el Palacio Omnisports de Paris-Bercy.  Junto a los veteranos Khaled (verdadero prócer de la canción argelina moderna) y Rachid Taha (auténtico rockstar con gran proyección en Francia), apareció el joven Faudel, que con solo 20 años y habiendo nacido en las afueras de París, se ganó desde entonces su lugar protagónico en el proceso de continuidad  y actualización de la música argelina.

A pesar de no haber nacido en Argelia, la tradición musical del raï le llegó por herencia familiar. Su abuela era miembro de una meddahates, bandas femeninas de música tradicional argelina que suelen presentarse en fiestas populares y ceremonias. Fue siguiendo los pasos de su abuela que ya de adolescente  Faudel comenzó a cantar los clásicos de la música raï en los clubes de inmigrantes magrebíes de suburbios parisinos como Mantes

El salto de las bodas familiares a las grandes ligas fue casi inmediato. A los 13 años, el guitarrista y productor Mohamed Mestar (Momo) descubrió su potencial y apadrinó  su carrera, colocándolo como soporte de artistas consagrados de la escena francesa como McSolaar o el mismísimo Khaled.

En 1997, con 19 años, lanzó su disco debut “Baïda”. Pero sería el encuentro con Taha y Khaled en el álbum doble “1, 2, 3 Soleils” lo que lo lanzó al éxito en Francia y Europa. La discográfica Mercury pronto vio el potencial comercial de Faudel, ofreciéndole un contrato por cinco álbumes que grabaría durante los años siguientes, en los que el ya apodado “Príncipe del Raï” explotó al máximo su irresistible fórmula de raï montado sobre estructuras pop en las que entran tanto guitarras eléctricas, mucho teclado, arreglos orquestales y las tradicionales secciones de cuerdas y percusión argelinas.

Comenzaba la época de oro para el joven prodigio franco-argelino, con éxitos como “Tellement N'brick"  y “Abdel Kader” y “Baida”, posiblemente los mejores temas de su carrera.  La base de su suceso fue una versión liviana del raï, apta para el oído europeo, pero sin olvidarse en las letras de los temas cotidianos que aquejaban a los jóvenes inmigrantes musulmanes en París.

Los siguientes cinco años fueron los de mayor exposición mediática y protagonismo público para el joven maravilla. Su música era entretenida pero no frívola, gustaba a los europeos sin abandonar sus raíces argelinas, mientras que con sus letras se convirtió en un referente para una nueva generación de hijos de inmigrantes.

Pero la revolución cultural encabezada por el joven Príncipe, una vez instalado en lo más alto, tuvo un triste giro conservador  en 2007. Durante la campaña presidencial de aquel año, Faudel apoyó al candidato que resultaría electo, Nicolas Sarkozy, que presentó al cantante como ejemplo de éxito profesional, prosperidad económica e integración racial. Todo un “musulmán bueno” de ojos claros y sonrisa compradora que mejoró la mala imagen que el conservador “Sarko” tenía en los barrios de inmigrantes de los suburbios.

Los festejos del triunfo electoral de Sarkozy encontraron a Faudel poniendo sus canciones al servicio de la celebración en el Place de la Concorde de París, lo que le valió una merecida avalancha de críticas por parte de sus bases. Si bien en 2010 se mostró arrepentido y reconoció que el apoyo al presidente fue como “creer en Papá Noel”, el brote racista que vive Francia bajo el liderazgo de Sarkozy le da la razón a quienes se sintieron defraudados por su innecesario mal paso político.

Desde entonces tanto su carrera artística como el éxito popular del que gozaba se vieron profundamente dañados. A pesar de los intentos de recomponer su imagen y reconciliarse con sus orígenes sociales, pronto la calidad musical de su repertorio comenzó a acompañar el descenso de Faudel. Cada vez más pop, hoy el Príncipe del Raï parece haber vendido su legitimidad, y eso le costó perder su corona.

7/2/2012

Atajos:

La renovación del raï argelino

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