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Hassan Hakmoun: El hechicero de la música gnawa
Hassan Hakmoun

País: Marruecos • Región: África del Norte • Géneros: Rock, Árabe, Jazz

Por Mariano García
@solesdigital

Dentro del amplio abanico musical que se despliega en África del Norte, las tradiciones de dos países han podido romper las barreras regionales y extenderse por el mundo. Y si el raï argelino ha encontrado en París su caja amplificadora para globalizar su sonido y sus principales artistas; los ritmos tribales de los gnawa marroquíes se expandieron por el occidente anglosajón sobre todo gracias al trabajo de Hassan Hakmoun.

La música gnawa proviene precisamente de la tribu homónima que se extiende por el extremo noroccidental de África, influenciada culturalmente por el sufismo marroquí. De allí el carácter profundamente religioso de su música, empleada en rituales y sanaciones donde el animismo y el Islam se confunden en las profundidades del Sahara. Una música casi hipnótica, monocorde, principalmente ceremonial y devocional, que sólo despertaba interés entre el circuito de musicólogos y etnógrafos, hasta que la fusión que Hassan Hakmoun desarrolló al instalarse en Estados Unidos la acercó a un público occidental todavía reducido, pero en continuo crecimiento. 

Nacido en 1963 en la cautivante ciudad de Marrakesh, aprendió desde niño los secretos de esa música mágica por las enseñanzas de su madre, una sanadora y mística en su ciudad. Cuenta la historia que el primer contacto del pequeño Hassan con la música gnawa fue a los cuatro años, mientras presenciaba un exorcismo que su madre le realizaba a su hermana.

Hacia finales de los ’80, Hakmoun se cargó su sintir (laúd de tres cuerdas fabricado en madera y piel de camello) al hombro para llevar el misticismo de la música de sus ancestros nada menos que a Nueva York, donde fusionaría la música gnawa con el jazz y el rock, convirtiéndose en una de las principales figuras del circuito de World Music mundial. Presentaciones en el Lincoln Center, colaboraciones junto a músicos de la talla de Don Cherry, lo pusieron en el foco de los especialistas del jazz, que le permitieron grabar sus discos Fire Within y Gift of the Gnawa hacia finales de los 80.

Ya en los ’90, formó la que sería su banda más original y vanguardista, Zahar. Enchufando su sintir a 220 volts como un Jimi Hendrix beduino e incluyendo guitarra eléctrica y batería, dio vida a las primeras experimentaciones con el rock con los discos Zahar (1990) y Trance (1993). Ambos representan un momento bisagra y fundacional para el etno-rock  en su variante magrebí, sentando las bases de lo que años más tarde podría escucharse, por ejemplo, en los Led Zeppelin Robert Plant y Jimmy Page en su aclamado álbum No Quarter (1994). O años más tarde Rachid Taha en la vecina Argelia.  Tal fue el éxito de Zahar que fueron invitados para la edición de 1994 del festival de rock Woodstock.

 

A medida que la world music se convertía en una tendencia global, Hakmoun pasó a ser uno de los principales protegidos de Peter Gabriel, la estrella de rock que más trabajó para que los sonidos del tercer mundo se incorporen al menú occidental. Bajo la tutela de Gabriel, Hakmoun consolidó la fusión marroquí con el pop global.

El nuevo siglo lo encontró volviendo a su herencia materna, siempre atento a las posibles fusiones pero retornando a los sonidos acústicos y a las bases del gnawa, así como colaborando en una innumerable cantidad de proyectos donde fueran requeridos su singular voz y la magia de sus tres cuerdas. Con sus hechizos musicales Hassan Hakmoun ha hipnotizado al mundo, y esparcido por todo el planeta los ángeles y demonios que habitan las leyendas beréberes.

30/5/2013

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