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Irakere: Jazz latino con nombre propio

País: Cuba • Género: Jazz • Regiones: América, Centroamérica

Por Mariano García
@solesdigital

Desarrollado como u subgénero del jazz ya desde los años ’30, y consolidado desde la década del ’40 y ’50 a partir de las incursiones de Chano Pozo en la orquesta de Dizzy Gillespie y de Machito junto a Charlie Parker (y luego el fundamental aporte de Tito Puente); a partir de los años ’70 el jazz latino comenzó a desarrollar una identidad autónoma y un lenguaje propio. Esta consolidación se sostuvo en dos pilares que hoy son hitos fundamentales en la música cubana del siglo XX: Mongo Santamaría e Irakere

Producto de la genialidad compositiva y la dirección del pianista Jesús “Chucho” Valdés; Irakere fue un supergrupo que llevó al jazz latino a dimensiones nunca antes conocidas, independizándolo de los mandatos estéticos y estilísticos del mainstream norteamericano.

Incorporando de las raíces afrocaribeñas cantos y percusiones de la música yoruba que habían desaparecido en la cultura negra norteamericana, y sumándole la estricta formación clásica de los conservatorios cubanos de los años dorados de la revolución (con la fuerte impronta del clasicismo ruso); Irakere se estableció como un hito fundacional y medida de excelencia en un género musical reinventado por ellos.

La obra que expresa mejor que ninguna otra este quiebre en la historia del jazz latino es “Misa Negra”, un revolucionario concierto mestizo donde Valdés hace converger las tres fuentes que nutren el manantial de su música: la estructura compositiva clásica, los arreglos e improvisaciones jazzísticas, y la presencia dominante del folklore afrocubano.

Otras, como “A Chano Pozo”, combinan extraordinariamente el espíritu de las orquestas de los años ’40 con las nuevas ideas compositivas de Valdés. O “Concierto para metales”, que incursiona en el jazz fusión de aquellos años agregándole color y sensibilidad caribeña.

Sin embargo, en sus años más prolíficos Irakere no perdió el contacto con la calle. La innovación estilística convivía con una buena cantidad de éxitos bailables que los mantuvieron siempre al alcance del público masivo, como “Bacalao con pan” o “Aguanile Bonco” y “Xiomara”, más accesibles para las audiencias gracias a la inclusión de ritmos contemporáneos y cantantes. Ni que hablar del exitoso “Chekere son”, de increíble combinación entre una base de bajo funk y las percusiones cubanas a base de clave, cencerros, congas y timbales.

Los ritmos populares de la época también fueron parte de la megafusión con la que experimentaba este seleccionado de los mejores músicos contemporáneos de la isla. Los influyentes ritmos funk y soul provenientes del norte, combinados magistralmente con el son cubano, mambo, bolero, cha cha cha y la charanga.

Bajo la dirección de Chucho Valdés, a partir de 1973 y hasta fines del siglo XX fueron pasando gran cantidad de músicos que dejaron su impronta en el sonido de la banda. Se destacan entre ellos Paquito D´Rivera (saxo alto), Arturo Sandoval (trompeta), Jorge Alfonso "El niño" (congas), Carlos del Puerto (bajo), Armando Cuervo y Fran Padilla (percusión), y Enrique Pla (batería).

Comprobación musical de aquel axioma de la escuela de la Gestalt que afirma que el todo es más que la suma de las partes; Irakere fue mucho más que el aporte individual de cada músico que formó parte. Una suerte de Generación Dorada del jazz afrocubano que difícilmente vuelva a ser equiparada, un súper equipo donde el funcionamiento grupal siempre estuvo por encima al lucimiento personal de sus individualidades.

29/3/2012

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