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El fantasma de Laibach sobrevuela Europa

Laibach - Spectre

País: Eslovenia. Regiones: Europa, Balcanes
Géneros: ElectrónicaRockVanguardias

Por Mariano García
@solesdigital

Un fantasma sobrevuela Europa: el fantasma de Laibach. A una década de distancia de su disco anterior (el impresionante WAT, 2003), la agrupación político-musical de vanguardia surgida en lo profundo de las montañas eslovenas a principio de los ’80 mantiene su espectral presencia como la contracara tabú y distópica de la cultura popular occidental.

Con Spectre, su nuevo trabajo en estudio, Laibach recrea un mundo sonoro tecno-trance wagneriano que, como sólo ellos saben hacerlo, confunde, provoca e incomoda. Un nuevo desafío al sentido común del establishment cultural, en forma de píldoras musicales que nunca se sabe si son un remedio o la enfermedad misma.

El tecno marcial de “The Whistleblowers” abre el álbum, una suerte de oda a la militancia de las juventudes laibachianas, enunciado desde uno “nosotros” heroico y triunfalista, a la vez que moralmente ambiguo. Un gesto típicamente Laibach: valores universales como la libertad, la dignidad, los sueños, la pureza del espíritu y los objetivos sagrados quedan atravesados por una estética que bien puede ser nazi, socialista, liberal-capitalista… o todo eso al mismo tiempo. Eso es Laibach.

 

No es de sorprender que algunos de sus temas tengan ribetes proféticos. Tal el caso de “Eurovision”, que entre beats tecno darks ya anunciaba que “Europa se cae a pedazos” y parece ser la música de fondo ideal para las imágenes que hoy nos llegan desde Crimea.  Mientras Europa siga siendo Europa y las potencias sigan pujando en las fronteras más calientes de la geopolítica, la estética totalitaria que remite a los años más pesados de la Guerra Fría nunca será del todo retro para Laibach.

Pero si de vintage se trata, nada más contagioso que los sintetizadores de 8 bits de “Resistance is Futile”, que de a poco muta en un tecno industrial que se funde a fuego con “No History”, “Bossanova” y “Just say no”. Otra de las marcas indelebles del sonido de Laibach, quizás la única banda de música industrial que se formó realmente entre los sonidos y ruidos de una fábrica, donde trabajaban tanto sus padres como ellos mismos de jóvenes a principios de los ’80 en la ciudad eslovena de Trbovlje, epicentro de la industria carbonera de la Yugoslavia comunista y ciudad que ostenta la chimenea más alta de toda Europa que, con sus 360 metros de altura, estuvo pensada para arrojar los gases contaminantes por encima de las montañas que la rodean.

Los momentos más espectrales, en sintonía trance, aparecen en “Americana” y “We Are Millions And Millions Are One”, “Koran” y la tétrica “Walk with me”, que atraviesan el disco como densos nubarrones que anticipan un oscuro futuro cercano.

Los idiomas nunca fueron un límite para Laibach, sino más bien un vehículo para expresar sus ideas en las formas y sonidos más apropiados. Esta vez no hay canciones en alemán, que tan bien le sientan a la banda (dejamos de lado el reiterado tópico que Rammstein es una copia literal de Laibach, una discusión que ha quedado saldada cuando los eslovenos simplemente dijeron “Rammstein es Laibach para adolescentes”). Todas son en inglés salvo “Love on the beat” cantada en francés.

Laibach - Spectre

El final es apocalíptico, con lo más pesado de la artillería industrial y una despedida que no deja muchas esperanzas a futuro: “See that my grave is kept clean”.

Cada disco de Laibach responde (y casi siempre se anticipa) al momento político de su tiempo. Y si los últimos 10 años  vieron la emergencia de colectivos de protesta como los Indignados, Occupy o Anonymous, podríamos pensar que el inconformismo y el malestar social de hoy no es nada nuevo en comparación con las tres décadas de trayectoria de los eslovenos, que dieron sus primeros pasos como una molesta piedra en la bota militar del comunismo yugoslavo de los años ‘80. Quizás sea el momento de preguntarse: ¿el  mundo se ha vuelto Laibach?

17/3/2014

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