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Phoenix

Vampiros del rock

Phoenix

País: Rumania • Género: Rock • Regiones: Balcanes, Europa, Europa del Este

Por Mariano García
@solesdigital

Instalada en el imaginario occidental como una tierra de vampiros y oscuras historias medievales, Tansilvania sorprende al viajero desprevenido con una colorida y juvenil cultura pop. La estética turbo folk, con sus mujeres pletóricas de peinados extravagantes, zapatos con tacos de proporciones arquitectónicas y excesos de maquillaje y siliconas, domina el paisaje urbano en las principales ciudades del corazón montañoso de Rumania, como Cluj-Napoca o Braşov.

En estas capitales del pop balcánico, el transeúnte melómano no tendrá otra alternativa que acostumbrarse a la reiterativa oferta musical de radio y televisión, y pronto hasta se encontrará cantando los éxitos del Taraf TV si no es precavido.

Por eso, resultan irresistiblemente hipnóticos los acordes zeppelinianos de “Kashmir”, provenientes del principal negocio de venta de discos del centro de Braşov. Allí, al pie de los Cárpatos, aparece de pronto un reducto de buen gusto para investigar e ir más allá de las modas. En las góndolas de CD’s el folk y el pop siguen dominando la escena, pero la magia de Page y Plant continúa inundando el ambiente y el atento vendedor advierte que por fin ha encontrado un compinche en el comprador extranjero que apenas si puede saludar en el idioma local.

La consulta no se hace esperar: ¿se podrá conseguir algo que no sea folk disfrazado o pop de plástico? Rock y jazz norteamericano, por supuesto que hay. ¿Y algo así, pero de Rumania? ¿Alguna fusión? Esta última palabra dispara automáticamente al vendedor hasta el fondo del local, y vuelve orgulloso atesorando entre sus manos el secreto mejor guardado de la tienda. Es así como el turista melómano descubre a Phoenix (como se los conoce en su país, aunque internacionalmente se los suele llamar Trannsylvania Phoenix), la banda de rock fusión más importante de Rumania.

El disco recomendado por el joven vendedor ya desde la portada refuerza su gusto zepellinesco: “Mugur de Fluier” reza el título, y el anciano campesino retratado en blanco y negro remite casi obligatoriamente a aquella legendaria tapa de Led Zeppelin IV (1971). De hecho son contemporáneos, ya que los orígenes de Phoenix se remontan al año 1962, cuando en la ciudad de Timisoara el cantante y guitarrista Nicolae “Nicu” Covaci fundó el grupo que por entonces se orientaba al rock inglés de los Beatles o los Stones.

Pero fue durante los ’70 que encontraron su sonido identitario, curiosamente a partir de la prohibición que el dictador Nicolae Ceauşescu estableció a toda música que tuviera tendencias anglófilas u occidentalizantes. Ante la presión del régimen comunista, y enfrentando frecuentes persecuciones y amenazas de arresto, comenzaron a incorporar a su música elementos del folklore rumano, convirtiéndose así en los pioneros del etno-rock.

En “Mugur de Fluier”, de 1974, esta fusión alcanza un punto de maduración y desarrollo que lo hace uno de los discos más importantes de la banda. Fueron muchos los músicos que acompañaron a Covaci en sus andanzas, y en este disco participaron el talentoso Iosif Kappl (bajo, flauta, percusión, violín, campanas), Micea Baniciu (voces, guitarra rítmica, percusión), Costin Petrescu (batería) y Valeriu Sepi (percusión). Sin el virtuosismo de sus referentes ingleses (The Who, Led Zeppelin), la propuesta de Phoenix gana en originalidad a medida que se adentran en la cultura y mitología de su tierra, creando ambientaciones que se remontan a los sonidos del campesinado medieval rumano, llenos de misticismo y misterio.

El hilo conductor de la obra es la melodía denominada “Lasã Lasã”, que desde la primera al inicio del disco hasta quinta al final, se intercala con el resto de los temas ganando en velocidad, intensidad y dramatismo. Casi un mantra que le une, abre y cierra los distintos momentos por los que atraviesa la obra.

Acorde con el ambiente opresivo de la dura época en que fue grabado el disco, el tema “Pavel Chinezul” machaca rítmicamente con un tempo de marcha castrense, apoyado en una sólida base de bajo y batería más una guitarra rítmica casi opresiva por sobre la que resuena un coro de tintes épicos. Esquema que se repite en “Muzica şi Muzichia”, montada sobre un bajo claramente dudor de John Paul Jones.

El aporte folklórico y medieval asoma con mayor claridad en la acústica “Strunga”, que abre con el encantador sonido de flauta que da nombre al disco. Una vez más, la interpretación vocal de Baniciu es acompañada por en coro por Covaci y Kappl, que aportan profundidad y densidad para luego ser cortada por un afilado solo de guitarra, y una coda nuevamente de la mano de flauta de Kappl para cerrar uno de los temas más cautivantes del disco. También en la línea acústica se destaca “Andrii Popa”, pegadiza canción de melodía-estribillo-melodía que se justifica incluso por lo natural que suena la lengua rumana dentro de una estructura de balada rockera.

En otros temas, la influencia gitana (cultura popular predominante en el centro de Transilvania) se hace presente con fuerza y autoridad, dejando en claro que Phoenix antecede casi en tres décadas a la moda del “rock gitano” impulsada primero por Emir Kusturica y afianzada luego por Gogol Bordello, por nombrar a dos de los principales exponentes de la actual corriente. Es así como “Mica ţiganiadã” y “Ochii Negri, ochii de ţigan” entran en la categoría de verdaderos hitos de la historia del rock étnico centroeuropeo.

Haciendo honor a su nombre, en el tema insignia del CD “Mugur de fluier” nuevamente se luce la flauta de Iosif Kappl; mientras que arreglos foklóricos de percusión y cuerdas tienen su momento en “Anule, Hanule”.  

Cierra el disco el tema más rockero y distorsionado, “Dansul Codrilor”, donde todo parece reducirse a un arrollador power trio en el cual Kappl impone su ley desde el bajo, pero es el propio Iosif el que sorprende el con un fraseo de violín que lo corona como el gran instrumentista del grupo, complemento perfecto para el liderazgo compositivo de Nicolae Covaci.

Gracias esta novedosa y original propuesta rock-folk, “Mugur de Fluier” es a la vez un punto de inflexión y pico de creatividad y popularidad en la carrera de Phoenix. Pero tanta exposición también tuvo sus consecuencias negativas: la policía secreta rumana tomó nota de las veladas críticas que en sus canciones hacían al régimen comunista, y hacia finales de los ’70 la presión sobre los músicos del grupo se transformaba en persecución. Burlando los controles fronterizos y la prohibición de salir del país, escaparon de Rumania escondiéndose dentro de los amplificadores Marshall, atravesaron la cortina de hierro que dividía los bloques orientales y occidentales en Europa y se radicaron la Alemania democrática.

Los años ’80 fueron de exilio. Durante el período más oscuro de la noche comunista en Rumania, estos vampiros del rock se mantuvieron a las sombras, editando compilaciones y haciéndose conocer de a poco en el Oeste europeo. La luz volvería para ellos a partir de 1989, cuando la revolución popular colgó en una plaza a sus antiguos perseguidores, y las puertas de su país volvieron a abrirse para ellos. Desde entonces recompusieron su formación original, editaron nuevos discos y hasta el día de hoy se los puede ver en animadas presentaciones en vivo de gran convocatoria.

 

Fusión de rock épico con folklore medieval rumano y ritmos gitanos. Composiciones propias, en lengua vernácula, esquivando la persecución del sangriento Ceauçescu y en el medio encontrando un sonido pionero y de avanzada para su época. Todo esto hace de Phoenix una auténtica leyenda transilvana que todavía el resto del mundo merece descubrir.

19/10/2011

 

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