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Salah Edin

Una cruzada perdida de antemano

Salah Edin

País: Holanda • Regiones: Europa, África del Norte • Género: Hip Hop

Por Mariano García
@solesdigital

Corría el año 2004 cuando un fallido intento de instalar un circuito medianamente serio de hip hop en Buenos Aires tuvo como punto de inicio la llegada de algo que se anunció como Wu Tan Clan, y terminó siendo un desfile de “sucursales” de distintos artistas que adherían a esta suerte de mega franquicia del rap globalizado. Aquella noche de octubre de 2004 en el Estadio Obras, pocos prestaron atención a una frase con la que el maestro de ceremonias Raekwon introdujo a un emergente y hasta entonces desconocido artista: “Mucho del mejor rap del mundo hoy se hace fuera de Estados Unidos”, y dio pie a la entrada del enigmático Salah Edin.

Nacido en la ciudad holandesa de Alphen aan den Rijn con el nombre de Abid Tounssi en 1980, este rapero decidió honrar sus antepasados norafricanos, y luego de vivir dos años en Marruecos abandonó el inglés como idioma de expresión artística para adoptar el dialecto beréber para sus canciones, bajo el nuevo nombre de Salah Edin, en referencia nada menos que al heroico Saladino (o también Saladín), uno de los más grandes gobernadores de la época de oro del mundo islámico, que en el siglo XII combatió duramente a las Cruzadas y recuperó Jerusalem para los musulmanes.

Para la época en que fue visto en Argentina, el rapper ya contaba con un puñado de potentes canciones con las que imprimió una fuerte huella arábiga a la estética del hip hop. De sus primeras grabaciones y demos, potentes y renovadores, “Hakma” y “Hafla” se destacan como los mojones fundacionales de una manera distinta de rapear, eludiendo los lugares comunes a los que obliga el idioma inglés cuando es trasplantado a otras culturas. “Ouli Ouli”, por su parte, merece un lugar destacado por ser una de las primeras incorporaciones exitosas de la música gnawa marroquí dentro de esa máquina voraz de remixar y hacer collages que es el hip hop.

El salto al profesionalismo tardó en llegar, cuando en 2007 lanzó su primer álbum, “Nederlands Grootste Nachtmerrie” (La peor pesadilla de Holanda). Abandonando los rasgos más étnicos de sus primeros demos, Salah Edin se ubicó con este álbum en los suburbios olvidados de la Europa desarrollada, donde millones de inmigrantes norafricanos generaron una subcultura híbrida donde los sonidos y estéticas del rap estadounidense se incorporan como vehículo de expresión de las minorías musulmanas que no terminan de encontrar en las sofisticadas ciudades europeas un lugar real de pertenencia.

Mohammed Bouyeri - Salah Edin
Mohammed Bouyeri (izq) recreado en el primer disco de Salah Edin (der)

La portada del álbum fue lo suficientemente polémica como para ganarse el recelo de los sectores holandeses que ven cada vez con más temor a los inmigrantes magrebíes: en ella, recrea intencionalmente la foto en prisión del convicto holandés de origen marroquí Mohammed Bouyeri, condenado a cadena perpetua por el asesinato del director de cine Theo van Gogh (que en su film “Submission” había criticado duramente el tratamiento que el Islam da a la mujer) y acusado de pertenecer a redes terroristas.

Para nada amigable carta de presentación en sociedad, casi como diciendo “si cada vez que un holandés me mira ve un terrorista árabe, entonces les voy a dar eso”. La ofensa a la moral pública no fue pasada por alto, ya que tuvo que pagar 25.000 euros de multa, acusado de apología del delito.

Quedaba claro que Salah Edin no entraba al mundo de la música para hacer amigos, sino para incomodar a quienes reposan cómodamente en los lugares comunes. Difícil de aceptar por quienes solo consumen rap en inglés, sin ser claramente ni africano ni europeo, generó un espacio propio, a veces solitario. Un no-lugar musical, diría el etnólogo francés Marc Augé, si lo forzáramos a hablar de hip hop en vez de shoppings, aeropuertos o supermercados.

Fue así que fue desarrollando un estilo muy poco étnico para quienes buscan un souvenir musical que suene raro y así quedar a la moda. Intencionalmente agresivo hacia su Holanda natal, este Saladino posmoderno se lanzó solo a conquistar una tierra santa que estaba perdida antes de dar batalla. Hay en sus canciones un sentido trágico del heroísmo, un camino que necesariamente lo conduce al martirio, a dedicar su carrera artística a no encajar nunca en ningún lado.

Su segundo álbum, “Horr” (2009), lo acercó más al ya desarrollado circuito de hip hop árabe, aunque el próximo WOII promete nuevamente meter el dedo en la llaga en la convulsionada Europa. Y así como los proyectos de rapper de Buenos Aires hace 8 años lo pasaron por alto por no ser lo suficientemente negro ni gangster, muchos de los europeos seguirán prefiriendo deleitarse con las modas estadounidenses de la radio y la TV en vez de asomar la cabeza por la ventana y ver lo que tiene su vecino para ofrecer.

16/7/2012

www.fronteramusical.com.ar